Bodegas Jos Luis Ferrer
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Las Bodegas José Luís Ferrer, probablemente, no hubieran llegado a ser lo que son en la actualidad si no fuera porque están inmersas en un entorno social, cultural y agrícola como es el pueblo de Binissalem.
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Año 1931: el vino y las viñas de Mallorca están en absoluta decadencia a pesar de que los años de la filoxera ya han pasado. Sólo el romanticismo de un joven aventurero como Jose Luís Ferrer puede explicar la idea de poner en marcha una nueva bodega en Mallorca.
La guerra y la posguerra civil no hacen más que empeorar las cosas, pero la obstinación de Jose Luís Ferrer no merma. En los años posteriores, con una economía de subsistencia en la que son prioritarios los productos básicos de la ganadería y la agricultura, no es tampoco buen momento para una industria del vino en retroceso lento pero continuo.
El boom turístico de los 60 no beneficia en absoluto a los vinos de la tierra, ya que la industria del turismo de masas se inclina claramente por los vinos peninsulares. Aún así, las Bodegas José L. Ferrer seguirán adelante en lo que se podría calificar de travesía en el desierto, ya que fueron muy pocos los bodegueros mallorquines que no abandonaron u optaron por convertirse en distribuidores.
Los años 80 y 90 son años de lucha para las bodegas que culminan con el sueño largamente acariciado de la denominación de origen para la comarca de Binissalem.
Para muchos mallorquines y no pocos foráneos, las Bodegas José L. Ferrer y Franja Roja, su marca insignia, son sinónimo de prestigio y calidad. El actual reconocimiento no es fruto de la casualidad, sino de la firme apuesta por la calidad y la innovación, sin olvidar jamás las raíces y la tradición, de estas bodegas que van en cabeza.
Las tres generaciones de la estirpe vinatera de los Ferrer nunca se han conformado con lo que les aportaba la memoria histórica y la experiencia heredada y por esto siempre han buscado enriquecer el legado recibido. Así, desde el abuelo, Jose Luís Ferrer Ramonell, hasta los nietos, Sebastián y Jose Luís Roses, todos han marchado fuera de nuestras fronteras para descubrir y, en su caso, aplicar en casa nuevas ideas y técnicas enológicas de todo el mundo.
De la época del fundador hasta hoy la bodega no ha perdido ni un gramo de tipicidad y autenticidad en los planteamientos, pero ha conseguido mejorar en gran medida el resultado final. Unas instalaciones avanzadas que combinan lo mejor de las técnicas modernas y las tradicionales y, sobre todo, vivir el vino como una pasión que se transmite casi genéticamente, de generación en generación, han tenido como recompensa el reconocimiento del mercado autóctono e incluso el de fuera de nuestras fronteras.
Siglos de tradición de toda una tierra y toda la pasión y el esfuerzo de una familia es el que existe tras el nombre de José L. Ferrer. Luz y magia, paisaje y paisanaje, cultura e ingenio, alma y tierra, uva y valentía hechos vino, esto es, en esencia, lo que se destapa con cada una de las botellas que salen de esta bodega
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Binissalem - Mallorca Incluido el: 10/09/2006